Cuando la Pasión mueve

Cuando una persona es movida por su Pasión es dificil entenderla y mucho menos detenerla, por que sus oidos estas selectivos de mensajes positivos y como cubierto por teflon deja a un lado cualquier señal de desánimo.
Su mirada esta puesta mas alla de lo que uno ve enfrente de El o Ella, esa persona esta viendo sus metas, sus sueños, su sentido mas alla de un logro de corto plazo.
Su capacidad de entrega y su umbral de sacrificio es inmesurable, por que es movido por un fin mucho mas trascendental que un dolor temporal.
Esta mañana con el Maraton Powerade en Monterrey, disfrute un reto que parecia una locura, solo para Esos Locos que Corren, el frio, la lluvia, charcos por todos lados, pero mi satisfacción mas grande fue apreciar la Pasión que mueve a cada corredor, la entrega a pasar por arriba de cualquier obstaculo, cualquier señal de retiro sonaba ofensiva. Podias descansar pero no rajarte, hasta cruzar la meta.
Creo con firmeza que cada experiencia que vivimos en el presente es parte de una formación que acumulamos para retos mas trascendentales en nuestra vida futura.
No tengo duda que los grandes logros, los inventos que transforman la vida, las empresas mas exitosas fueron realizadas por personas movidas por una Pasión inquebrantable que no permitia el fracaso, que aprendia de cada error y seguian adelante hasta lograr sus objetivos.
El reto de cada uno de nostros es dejar huella y trascender utilizando todas las capacidades, talentos y recursos, impulsados por una tremenda Pasión, para mejorar los circulos de influencia a los que tenemos alcance.
Este mundo requiere de gente que se anime, que se atreva a soñar e innovar, que rete el status quo, que escuche la pasión que lo mueve desde lo más interno y luche por su fin mayor, esa gente que acepta el reto de dejar un mundo mejor, seamos de esos, no nos escondamos en excusas para evadir nuestra responsabilidad.
Por lo que hagamos o dejemos de hacer nos juzgaran las nuevas generaciones.
Actuemos hoy, si no el futuro nos pasara la factura.
Un abrazo

Fausto

Correo:fyepiz66@hotmail.com

Twitter:@fy66

www.faustoyepiz.com

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Refuerza tu Iceberg

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Recientemente participé en una capacitación en donde nos compartieron un caso de negocio de una empresa que decidió aceptar reducciones en el monto a pagar de cada factura, siempre y cuando les dijeran en que aspecto habian quedado insatisfechos con el producto y servicio ofrecido.

Conforme arranca su iniciativa reciben facturas con reducciones sencillas y otras significativas, sin embargo todas venían acompañadas de importante retroalimentación que les permitió fortalecer sus procesos internos y con esto ofrecer una promesa de valor a sus clientes totalmente orientada a satisfacer sus necesidades.

Pareciera una locura esta iniciativa, pero de esta forma lograron escuchar los aspectos objetivos y subjetivos que generaban insatisfacción en sus clientes y estaban totalmente dispuestos a corregirlos y reforzar sus procesos para que de manera sistemática se asegurara la satisfacción de sus clientes.

Hacerlo de esta forma les permitió mejorar con una inversión considerablemente más baja que si hubieran contratado un despacho de consultoría que les aplicara exhaustivas metodologías a costos mas elevados.

La promesa de valor de una empresa es el pico del iceberg, es lo que la gente ve e interactua de una empresa, pero en la parte oculta del iceberg estan todos los procesos que le dan soporte a esa pequeña porción que sale a la superficie.

En la medida que las empresas son capaces, no solo de escuchar, sino de integrar toda la información que recibe del exterior y la tranforma en mejores procesos, estará reforzando su iceberg, dándole un cimiento sólido a su oferta de valor.

Ahora llevando esta lección a la cancha personal, tenemos una imagen, personalidad, carácter, postura hacia el exterior como persona, pero cómo se encuentra nuestro iceberg que le da soporte? Que tanto escuchamos las retroalimentaciones que nos da la vida? Estas pueden llegar de variadas formas, disfrazadas de experiencias, comentarios, alarmas de salud, etc., pero somos capaces de transformar una experiencia desafortunada en apredizaje valioso? y mas aún, hacemos modificaciones en nuestros procesos internos, patrones de comportamiento, actitudes, acciones concretas que nos ayuden de manera recurrente a mejorar como persona?.

Una perdida de trabajo, un divorcio, una enfermedad, la fractura en la relación con un hijo, son procesos muy dolorosos, pero que vienen acompañados con fuertes dósis de aprendizajes que capitalizados adecuadamente pueden dejar un saldo positivo en el avanzar por el camino de la vida.

El querido Facundo Cabral decia en una de sus poesías “No estas deprimido, estas distraido” y creo firmemente que con mucha razón se refiere a la gran cantidad de bendiciones que nos ofrece la vida, pero también a la gran cantidad de mensajes que nos manda como pagos de facturas reducidas y creemos que la vida es injusta por que no nos da lo que esperábamos, pero toda experiencia viene acompañada de un mensaje valioso que nos puede ayudar a mejorar, lo importante es nuestra disposición y voluntad a escuchar el mensaje, capitalizar la lección, hacer modificaciones permanentes a nuestros procesos personales y como resultante inevitablemente mejoraremos como persona.

Preguntémonos con frecuencia, Que fracturas tiene mi iceberg? Como puedo reforzarlo? Que proceso interno puedo mejorar con las lecciones que estoy recibiendo?

La sola consciencia de este tema nos permitirá estar mas atentos, sensibles, y comprometidos a actuar cuando una lección pase enfrente de nosotros.

Pareciera que esto no tiene nada que ver con Esos Locos que Corren, pero seguro lo disfrurarán por que son personas que constantemente integran información para ser mejores corredores y mejores personas.

Espero que tu también seas de esas personas que estan dispuestas a escuchar, actuar y disfrutar la vida intensamente.

Un abrazo

Fausto

Cualquier comentario es bien recibido en:
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Un Maratón y la Vida, te dan lo que te mereces

Quiero compartirles mi experiencia personal de algunos sentimientos y emociones que se vienen a la mente al correr un maratón y que posteriormente se traducen en Lecciones de Vida que disfrutas por el resto de los años.

Correr un maratón te deja enseñanzas muy valiosas que con frecuencia no te das cuenta de ellas y tardas tiempo para digerirlas. Cuando es la primera vez que se corre, con frecuencia se subestima el tiempo en que se piensa concluir, dominados por la arrogancia que nos caracteriza a los corredores y por la confianza que nos genera el entrenamiento al que se ha sometido uno por meses, es comun escuchar o decir “ yo creo necesitar unas 4 horas, con eso voy a tener” a lo que suelen recomendarnos “tranquilo, es una experiencia que no conoces y te tienes que enfrentar con mucho Respeto a ella”.

Pasado esto llega la fecha del maratón y llegamos a la linea de salida con la seguridad y por no decir “la soberbia” que nos inunda a los corredores cuando arranca una carrera que estamos seguros que vamos a vencer.

Los primeros 10, 15, 20 kilometros se disfrutan mucho, pero como van pasando uno a uno, la fatiga empieza a llegar y conforme se incrementa, tus miedos te invaden, tu cuerpo que creías invencible empieza a reclamarte por todo, tu umbral del dolor empieza a rebasarse y sale la primer lección ante un gran reto que es la Humildad. Te sientes tan pequeño, vulnerable, vencible, agotado ante una montaña de kilómetros por delante que te aterroriza.

“Te arrodillas ante el reto de kilometros que tienes por delante” dice Arturo San Vicente Yépiz quien recientemente concluyó exitosamente su primer experiencia en el Maratón de San Antonio, Texas.

Empiezas a sacar entonces todo tipo de reservas, geles energéticos para dar combustible a tu cuerpo pero también buscas reservas espirituales, empiezas a pensar en la gente que te está esperando en la meta, en la gente que está siguiendo tu resultado por distintos medios, empiezas a pensar en los abuelos, empiezas a pensar en la gente que ya no está contigo y que se sentiría orgulloso de tu triunfo (yo especialmente lleve a mi Madre en mi mente durante todo el trayecto) y finalmente, honestamente, sientes que hablas con Dios, te acercas tanto en ese sentimiento de necesidad de continuar pero eres un nudo de dolores que solo te queda humildemente pedir ayuda a todos los recursos que tienes por que No puedes fallar, ni a ellos, ni a Ti.

Fallar no es una opción, como acertadamente aclama el slogan de la NASA.

Y continúas avanzando los kilometros y las cosas se empiezan a dar, te tranquilizas, modificas tu técnica, descansas, caminas, reflexionas enormemente, por tu cabeza pasan todo tipo de pensamientos, emociones y continuas avanzando hasta que finalmente llegas a la meta y empiezas a ver que obtienes el resultado para el que estabas preparado, no para el que tu soberbia te decía.

Esta última lección te la puede decir cualquier persona antes de la carrera, pero dificilmente se puede entender, pero una vez que lo vives te queda grabado en lo mas claro de tu consciencia.

Estas lecciones son increíblemente valiosas y difícilmente se entienden por alguien que no ha vivido esta experiencia, pero quien la ha experimentado entiende perfectamente a que me refiero. Toda persona es diferente despues de vivir una aventura de este tipo.

Al igual que el maratón, la vida tambien te responde en la misma proporción de tu preparación, de tu estrategia, de tu esfuerzo, de tu pasión por buscar los resultados con los que sueñas y que te decides a luchar por ellos hasta cruzar la Meta.

Finalmente el tiempo total para concluir la aventura en minutos más o minutos menos es irrelevante, lo que si se disfruta es la lección para el corredor al recordarte cuando dijiste que Yo creo que 4 horas seran suficientes y con seguridad quien vive una experiencia va a prepararse para buscar otra oportunidad, y al igual que la vida, te permite prepararte de nuevo, hacer cambios en la estrategia e intentarlo de nuevo hasta lograr el resultado que buscas, acumulando en cada intento una serie de experiencias y vivencias que te serán útiles para tu vida futura.

Esta y muchas experiencias futuras que compartire las entenderas mejor si eres de Esos Locos que Corren!!

Un especial agradecimiento a Arturo San Vicente Yépiz (@asanvicente) y a Manuel Molina Yépiz ( @manuelmolina) por su inspiración a aventurarme a compartir mis experiencias por este medio.

Cualquier comentario, experiencia, lección que deseen compartir siempre será bienvenida en:

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Mucho Exito!!

Fausto

Esos Locos que Corren!!

De inicio y nacimiento de este Blog quiero compartir este artículo que le da origen al nombre “Esos Locos que Corren”, es de Marciano Durán, escritor Uruguayo, que sintetiza con mucha fidelidad los sentimientos, emociones, creencias de un corredor durante cada aventura que emprende cuando corre ya sea en un entrenamiento o en una carrera. Las palabras contenidas las dejo intactas para mantener su sentido regional que le da un toque especial y simpatico a la redacción. Espero que disfruten esta aportación y les prometo que las proximas seran muchisimo mas breves. Un abrazo
Esos locos que corren

Yo los conozco.
Los he visto muchas veces. Son raros.
Algunos salen temprano a la mañana y se empeñan en ganarle al sol.
Otros se insolan al mediodía, se cansan a la tarde o intentan que no los atropelle un camión por la noche.
Están locos.
En verano corren, trotan, transpiran, se deshidratan y finalmente se cansan… sólo para disfrutar del descanso.
En invierno se tapan, se abrigan, se quejan, se enfrían, se resfrían y dejan que la lluvia les moje la cara.
Yo los he visto.
Pasan rápido por la rambla, despacio entre los árboles, serpentean caminos de tierra, trepan cuestas empedradas, trotan en la banquina de una carretera perdida, esquivan olas en la playa, cruzan puentes de madera, pisan hojas secas, suben cerros, saltan charcos, atraviesan parques, se molestan con los autos que no frenan, disparan de un perro y corren, corren y corren.
Escuchan música que acompaña el ritmo de sus piernas, escuchan a los horneros y a las gaviotas, escuchan sus latidos y su propia respiración, miran hacia delante, miran sus pies, huelen el viento que pasó por los eucaliptos, la brisa que salió de los naranjos, respiran el aire que llega de los pinos y entreparan cuando pasan frente a los jazmines.
Yo los he visto. No están bien de la cabeza.
Usan championes con aire y zapatillas de marca, corren descalzos o gastan calzados. Traspiran camisetas, calzan gorras y miden una y otra vez su propio tiempo.
¿Están tratando de ganarle a alguien?.
Trotan con el cuerpo flojo, pasan a la del perro blanco, pican después de la columna, buscan una canilla para refrescarse… y siguen.
Se inscriben en todas las carreras… pero no ganan ninguna.
Empiezan a correrla en la noche anterior, sueñan que trotan y a la mañana se levantan como niños en Día de Reyes.
Han preparado la ropa que descansa sobre una silla, como lo hacían en su infancia en víspera de vacaciones.
El día antes de la carrera comen pastas y no toman alcohol, pero se premian con descaro y con asado apenas termina la competencia.
Nunca pude calcularles la edad pero seguramente tienen entre 15 y 85 años.
Son hombres y mujeres. No están bien.
Se anotan en carreras de ocho o diez kilómetros y antes de empezar saben que no podrán ganar aunque falten todos los demás.
Estrenan ansiedad en cada salida y unos minutos antes de la largada necesitan ir al baño.
Ajustan su cronómetro y tratan de ubicar a los cuatro o cinco a los que hay que ganarles.
Son sus referencias de carrera: “Cinco que corren parecido a mí”.
Ganarle a uno solo de ellos será suficiente para dormir a la noche con una sonrisa.
Disfrutan cuando pasan a otro corredor… pero lo alientan, le dicen que falta poco y le piden que no afloje.
Preguntan por el puesto de hidratación y se enojan porque no aparece.
Están locos, ellos saben que en sus casas tienen el agua que quieran, sin esperar que se la entregue un niño que levanta un vaso cuando pasan.
Se quejan del sol que los mata o de la lluvia que no los deja ver.
Están mal, ellos saben que allí cerca está la sombra de un sauce o el resguardo de un alero.
No las preparan… pero tienen todas las excusas para el momento en que llegan a la meta.
No las preparan…son parte de ellos.
El viento en contra, no corría una gota de aire, el calzado nuevo, el circuito mal medido, los que largan caminando adelante y no te dejan pasar, el cumpleaños que fuimos anoche, la llaga en el pie derecho de la costura de la media nueva, la rodilla que me volvió a traicionar, arranqué demasiado rápido, no dieron agua, al llegar iba a picar pero no quise.
Disfrutan al largar, disfrutan al correr y cuando llegan disfrutan de levantar los brazos porque dicen que lo han conseguido.
¡Qué ganaron una vez más!
No se dieron cuenta de que apenas si perdieron con un centenar o un millar de personas… pero insisten con que volvieron a ganar.
Son raros.

Se inventan una meta en cada carrera.
Se ganan a sí mismos, a los que insisten en mirarlos desde la vereda, a los que los miran por televisión y a los que ni siquiera saben que hay locos que corren.
Les tiemblan las manos cuando se pinchan la ropa al colocarse el número, simplemente por que no están bien.
Los he visto pasar.
Les duelen las piernas, se acalambran, les cuesta respirar, tienen puntadas en el costado… pero siguen.
A medida que avanzan en la carrera los músculos sufren más y más, la cara se les desfigura, la transpiración corre por sus caras, las puntadas empiezan a repetirse y dos kilómetros antes de la llegada comienzan a preguntarse que están haciendo allí.
¿Por qué no ser uno de los cuerdos que aplauden desde la vereda?
Están locos. Yo los conozco bien.


Cuando llegan se abrazan de su mujer o de su esposo que disimulan a puro amor la transpiración en su cara y en su cuerpo.
Los esperan sus hijos y hasta algún nieto o algún abuelo les pega un grito solidario cuando atraviesan la meta.
Llevan un cartel en la frente que apaga y prende que dice “Llegué -Tarea Cumplida”.
Apenas llegan toman agua y se mojan la cabeza, se tiran en el pasto a reponerse pero se paran enseguida porque lo saludan los que llegaron antes.
Se vuelven a tirar y otra vez se paran porque van a saludar a los que llegan después que ellos.
Intentan tirar una pared con las dos manos, suben su pierna desde el tobillo, abrazan a otro loco que llega más transpirado que ellos.
Los he visto muchas veces. Están mal de la cabeza.


Miran con cariño y sin lástima al que llega diez minutos después, respetan al último y al penúltimo porque dicen que son respetados por el primero y por el segundo.
Disfrutan de los aplausos aunque vengan cerrando la marcha ganándole solamente a la ambulancia o al tipo de la moto.
Se agrupan por equipos y viajan 200 kilómetros para correr 10.
Compran todas las fotos que les sacan y no advierten que son iguales a las de la carrera anterior.
Cuelgan sus medallas en lugares de la casa en que la visita pueda verlas y tengan que preguntar.
Están mal.
-Esta es del mes pasado- dicen tratando de usar su tono más humilde.
-Esta es la primera que gané- dicen omitiendo informar que esa se la entregaban a todos, incluyendo al que llegaba último y al inspector de tránsito.
Dos días después de la carrera ya están tempranito saltando charcos, subiendo cordones, braceando rítmicamente, saludando ciclistas, golpeando las palmas de las manos de los colegas que se cruzan.
Dicen que pocas personas por estos tiempos son capaces de estar solos -consigo mismo- una hora por día.
Dicen que los pescadores, los nadadores y algunos más.
Dicen que la gente no se banca tanto silencio.
Dicen que ellos lo disfrutan.
Dicen que proyectan y hacen balances, que se arrepienten y se congratulan, se cuestionan, preparan sus días mientras corren y conversan sin miedos con ellos mismos.
Dicen que el resto busca excusas para estar siempre acompañado.
Están mal de la cabeza. Yo los he visto.
Algunos solo caminan… pero un día… cuando nadie los mira, se animan y trotan un poquito.
En unos meses empezarán a transformarse y quedarán tan locos como ellos.
Estiran, se miran, giran, respiran, suspiran y se tiran.
Pican, frenan y vuelven a picar.
Me parece que quieren ganarle a la muerte.
Ellos dicen que quieren ganarle a la vida.
Están completamente locos.

Marciano Durán
(Escritor Uruguayo)
http://www.marcianoduran.com.uy

@fy66
Fyepiz66@hotmail.com

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